En estética se habla cada vez más de exosomas, liposomas y factores de crecimiento. Suenan a ciencia ficción, pero la idea detrás es sencilla: llevar los activos a donde la piel los necesita y darle las señales para que se repare mejor.

Factores de crecimiento: las señales de reparación

Son proteínas que funcionan como mensajes entre las células. Cuando te haces una herida, el cuerpo los libera para indicar a la piel que se regenere. En cosmética se usan para estimular la producción de colágeno y la renovación celular. Por eso los combinamos con tratamientos como la radiofrecuencia o el Dermapen, que preparan la piel para recibirlos.

Exosomas: mensajeros entre células

Los exosomas son vesículas diminutas que las células liberan para comunicarse entre sí. Transportan proteínas, lípidos y otras moléculas que ayudan a regular la regeneración y a calmar la inflamación. En estética se usan para mejorar la calidad general de la piel: luminosidad, textura, firmeza y recuperación después de tratamientos más intensos. Es un campo reciente y en plena investigación, así que conviene tener expectativas realistas: no hacen milagros, pero bien utilizados mejoran mucho el resultado.

Más información en tratamiento facial con exosomas.

Liposomas: el vehículo

Un liposoma es una pequeña esfera hecha de lípidos, parecidos a los de las membranas de nuestras células. Dentro se «empaqueta» un activo, por ejemplo vitamina C o ácido hialurónico. Gracias a esa envoltura, el activo atraviesa mejor la barrera de la piel y se libera poco a poco. Son especialmente útiles para pieles deshidratadas, apagadas o sensibles.

Más información en tratamiento facial con liposomas.

¿Cuál necesito?

Lo más habitual es combinarlos según lo que veamos en la valoración de la piel con microcámara.

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